miércoles, 3 de mayo de 2017

2017ko MAIATZAK 26 GORROTO DELITUEI AURRE EGITEKO BITARTEKARITZA ESTRATEGIA JARDUNALDIAK /// JORNADAS de ESTRATEGIAS DE MEDIACION PARA ABORDAR LOS DELITOS DE ODIO el 26 de MAYO de 2017



ALDARTE elkartea, LGTBI pertsonen arreta zentroa, eta giza Eskubide eta Bake Hezkuntzaren elkarteen Foroa, maiatzaren 26 izango den JARDUNALDIRA gonbidatzen zaitugu:

 “Gorroto-delituak ekiditzeko bitartekaritza estrategiak: Arauaren ikuspuntutik harantzago”

Programazioa erantsi egiten dugu. Bertan ikustea espero dugu.
Agur bero bat.
.-.-.-.-.-.-.-.-.

ALDARTE Centro de atención LGTBI y El Foro de Asociaciones de Educación en Derechos Humanos y por la Paz,  te invitamos a la JORNADA del día 26 de Mayo:

“Estrategias de mediación para abordar los delitos de odio: una visión más allá de la Norma” 

Adjuntamos el programa. Esperamos verte.
Un saludo


miércoles, 26 de abril de 2017

MAIATZEKO HILABETEKARIA // Actividades Mensuales de MAYO



Lagun agurgarriak:
Honi erantsita bidaltzen dizuegu interesgarria izango den informazioa.

Pozik hartuko genuke zuen laguntza honi zabalpena emateko.

Agur bero bat.


Estimadxs amigxs:

Adjunto envío información que consideramos puede ser de vuestro interés.

Os agradeceríamos que le dieseis la mayor difusión posible.

Saludos cordiales.

lunes, 24 de abril de 2017

Lo que no se dice de la guerra

El debate entorno a Maloma, mujer refugiada saharaui con nacionalidad española, obvia que tan solo ella, y solo ella, tiene que tener la voz y la última palabra, como mujer y única dueña de su vida. Entre todos los que hemos caído en esta historia hemos secuestrado en mayúsculas a Maloma. 



Maloma y Sahara. Seguro que no hace falta que explique quién es Maloma, pero quizás sí hay quien se pregunte dónde está el Sahara, porque durante el último año mucho se ha comentado de esta mujer refugiada saharaui con nacionalidad española y muchos son los que han hablado por ella, pero ¿realmente se ha dicho algo? En resumen, Maloma llegó a España desde los campamentos refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia, cuando solo tenía 10 años en un proyecto solidario de acogida en los meses de verano que organizan y gestionan las distintas asociaciones amigas del pueblo saharaui en el ámbito nacional. A ella le tocó Mairena de Aljarafe, Sevilla. Por problemas de salud y para que tuviese la posibilidad de estudiar, ya que el 80 por ciento de las refugiadas carecen de posibilidades de continuar con los estudios una vez superado el nivel de formación elemental porque deben de salir fuera de los campamentos, su familia biológica aceptó que se quedase con su familia de acogida, que no adoptiva. Cumplió la mayoría de edad y fue adoptada con el consentimiento de Maloma, pero sin informar de nada a quienes la esperaban en los campamentos, y así obtuvo la nacionalidad española. 12 años pasaron hasta que Maloma volvió al desierto. Y el resto ya lo saben: conflictos entre las familias, acusaciones de secuestro, organizaciones e instituciones de por medio, gobiernos, colectivos y medios de comunicación opinando, etcétera, y un largo etcétera.

Pero este artículo no va sobre la historia concreta y exclusiva de Maloma, no. Maloma es una más de las mujeres víctimas de la guerra o mejor dicho, “de la guerra contra las mujeres”. Porque en el Sahara Occidental no hay bombas, ni sale a diario en las noticias por sus miles de personas refugiadas, violación de derechos humanos y muertes, pero hay un conflicto que dura ya más de 40 años por la ocupación ilegal de Marruecos y por la aún colonización de España. Y como en todas las guerras, las mujeres son una moneda de cambio. No solo sufren violencia sexual, física y psicológica, sino también política. Se usan a las mujeres en los discursos fáciles, demagógicos y populistas como el supuesto eslabón débil y vulnerable para captar adeptos. No hace falta irse a un campo de refugiados, porque es algo que se ha vuelto común y ya hasta normal. En España, nos dedican 26 segundos en los debates antes de las elecciones para hablar de una violencia machista que se ha convertido en un femicidio mundial y luego nos siguen matando por el hecho de ser mujer, seguimos peleando ante la brecha salarial, por tener las mismas oportunidades y por defender la diversidad sexual, entre tantas cosas.

En torno a Maloma se ha generado un debate en el que tan solo ella, y solo ella, tiene que tener la voz y la última palabra, como mujer y única dueña de su vida. Han intervenido gobiernos, tanto por parte de España como de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática, que, por cierto, España no reconoce). Hasta la ONU ha hecho de intermediaria. Y según, ha dicho Maloma una y otra vez “ella quiere estar un tiempo con su familia en los campamentos”, que no está “retenida, ni secuestrada” y que “la dejen en paz que no ha pedido ayuda a nadie”.

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Tomates Fritos Morados

Barbijaputa                                                                                           20/04/2017
‘Tomates Verdes Fritos’ embelesó a Barbijaputa desde que tenía 12 años. Ahora, al revisarla, ha entendido por qué le gustó tanto: “Es feminismo en estado puro”.


Señora Milton interpreta ‘Tomates Verdes Fritos’: “Hay que ver que mal ha envejecido esto y como se le ven las costuras a la relación retrobollera de las dos protas, pero Jessica Tandy hablando de menopausia como quien habla de fútbol, definitivamente BIEN”

La primera vez que vi ‘Tomates Verdes Fritos’ yo debía de tener unos 12 años. Concluí por aquel momento que era mi película favorita. Más aún cuando supe que la autora del libro en el que basaron la película era la escritora Fannie Flagg, cuyo ‘Daisy Fay y el Hombre de los Milagros’ ya era por entonces mi libro favorito. Todo apuntaba a que Flagg me había pillado el rollo completamente. Pero, ¿qué podía tener estar autora para embelesarme ya desde tan pequeña? En esa época no le di más vueltas, simplemente pensé que era una diosa y punto.

No solía releer libros ni ver más de una vez una película. Siempre me daba la sensación de estar robándome tiempo a mí misma para disfrutar de otras historias, porque la vida es finita pero ellas no. Lo que me transmitió aquella película, lo que me hizo sentir, la hizo subir al puesto número uno, siendo imposible desbancarla por muchas películas que viera después. Lloré mucho más con algunas pelis, reí infinitamente más con otras, sentí muchas veces desde entonces más desesperación, más amargura, más felicidad y todo tipo de emociones con historias que no eran la de Idgie y Ruth y, sin embargo, ahí seguían, las primeras, sin ninguna lógica. O al menos yo no se la veía.

Ahora, después de todos estos años, he vuelto a verla para hacer este artículo. El primero fue sobre Amelié, que me dejó un mal sabor de boca que preferiría haberme ahorrado; pero ya sabéis lo de las gafas moradas para el cine y la literatura, que cuando vuelves a ver una peli o un libro, te suelen decir sin reparos: “Aquí te la colaron”.

Aunque también puede pasar algo maravilloso gracias a las gafas feministas, y es justo lo contrario: “No entendías por qué esta película te marcó tanto, y ahora sí”. El feminismo, estamos de acuerdo, te hace entenderte a ti misma, además de al porqué ocurren miles de cosas en nuestro día a día. A mí me ha resuelto a lo largo de los años millones de enigmas y de preguntas que jamás relacioné con mi género. Por eso no me canso de decir que el feminismo te libera de mil cadenas que te hacían ir más despacio e insegura, y esa lentitud nosotras antes la achacábamos a nuestra forma de ser, a nuestros miedos tontos, en definitiva, siempre a nosotras mismas.

A partir de aquí vienen spoilers, así que si no has visto ‘Tomates Verdes Fritos’, te recomiendo que la veas antes de seguir.

Evelyn (Kathy Bates) es una mujer de unos 50 años, muy frustrada por la indiferencia de su marido, a quien siempre intenta agradar sin conseguir ni un poco de atención. El típico machirulo que se sienta a ver el fútbol y ni mira a su compañera. Se desvive por él, por recibir un poco del amor que ella le profesa, pero todo es inútil. Entonces conoce en un asilo a Ninny (Jessica Tandy), una anciana que, a lo largo de la película, le va desgranando algo sucedido en un remoto pueblo de Estados Unidos, de donde ella era originaria. El relato se vuelve cada vez más adictivo para Evelyn, sobre todo cuando deja de ser una simple historia que gira en torno a la gran amistad entre dos mujeres (Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker) y entra en escena el punto de inflexión: juzgan a una de ellas por la muerte violenta del marido de la otra.

Los entresijos de esta historia, el coraje de las mujeres de la metahistoria, cómo se enfrentan al machismo y combaten el racismo, la amistad y sororidad entre Idgie y Ruth, cómo se cuidaban y se protegían, hacen que la protagonista del hilo basado en el presente (una Evelyn aletargada por el machismo de su marido, acomplejada por su sobrepeso, adormecida por la invisibilidad que le proporcionaba su aspecto y su edad) se empodere hasta límites que ella misma nunca imaginó siquiera.

Esta historia es feminismo en estado puro. Mujeres protagonistas, personajes fuertes y potentes contagiando seguridad a las que no lo eran tanto, dándose seguridad y amor entre ellas, sabiendo perfectamente quién es el enemigo y cómo acabar con él. La transversalidad de las opresiones se trabajan en la peli de tal forma que quedan meridianas: mujeres blancas discriminadas y estigmatizadas por ser mujeres, hombres negros agredidos por ser negros, mujeres negras llevándose lo peor de cada aspecto.

Incluso el final, cuando Ninny confiesa a Evelyn quién mató al marido maltratador de Ruth, hay una justicia poética demoledora.

El feminismo, además de quitarme cadenas,  me ha enseñado algo más: revisionar películas y releer novelas no es una pérdida de tiempo, porque sin conciencia feminista adoraste cosas que no debías por no saber analizarlas pero también te revelan lo que hay detrás de las historias que se te quedaron clavadas sin poder explicarte a ti misma por qué significaron tantísimo.

Hoy ya puedo explicarme porqué ‘Tomates Verdes Fritos’ fue siempre mi película favorita, por qué me vi en Idgie en cada escena, por qué la recuerdo tan a menudo, por qué la sigo sacando a colación en conversaciones; y es que nunca había visto ni volví a ver unos personajes desprendidos tantísimo de roles y estereotipos… y eso para mí, que nunca entendí aquello de la “feminidad” y que me odié tanto por no saber “aprenderla”, fue un soplo de aire fresco y chorros de seguridad. ‘Tomates Verdes Fritos’ me confirmó que no había nada malo en mí, porque Idgie era como yo, y sin duda, Idgie era genial, así que yo también podía serlo.

El invierno en un pueblo ocupado

Pikara Magazine                                                                                                                    12/04/2017


Aineto no es como los casi 19.000 pueblos que hay en el Estado español, se trata de un pueblo ocupado. No tiene ayuntamiento, tiene una asamblea. La propiedad de las casas no es privada, es libre. En febrero visitamos Aineto con una fotógrafa para ver si el invierno en este emplazamiento ubicado en el Prepirineo se vive como en todos los municipios que se encuentran en las montañas. Lo visitamos para ver si los casi 40 vecinos que aquí viven adoptan, cuando llega el frío, estrategias diferentes a las del resto de pueblos que conocemos.


Llegamos a Aineto para hacer un reportaje sobre cómo se vive el invierno en un pueblo ocupado y Felipe, la primera persona con quien hablamos, nos dice que no hay diferencia alguna entre el invierno allí y el que viven el resto de pueblos en los Pirineos. Se acabó, la fotógrafa y yo nos podemos volver a casa y abandonar esta crónica. Pero insisto.
-Alguna diferencia tiene que haber, Felipe. ¿Os organizaréis de un modo alternativo? Esto no es un pueblo como el resto -casi imploro- tenéis la asamblea.
-Claro. Aineto es un poco distinto, pero en lo del invierno que has venido a ver es como todos los pueblos. Mi compañera y yo recogemos la leña para pasar el invierno como hará la gente del pueblo de abajo.
Por si fuera poco llueve persistentemente y el parte dice que no cejará ni hoy ni mañana. De hecho, y a juzgar por el paisaje, parecería que el invierno no ha llegado hasta este rincón de mundo. Nada de nieve, nada de hielo. Solo el suelo embarrado y el termómetro del coche marcando seis con cinco grados a la una del mediodía.
-Bueno, esa es mi opinión -afirma Felipe como queriendo darnos un poco de esperanza-. Quizás otra persona piensa distinto.
Felipe vive en Aineto desde hace 25 años. Antes se dedicaba a la animación infantil e iba de pueblo en pueblo con sus espectáculos. Ahora tiene un taller de cervezas artesanales.
Desde que llegó al pueblo las cosas han cambiado. La organización era mucho más comunal, dice. Hoy la propiedad es libre, es decir si hay una casa sin habitar, puede meterse allí quien quiera sin pagar nada, pero la gestión es privada: cada cual consigue su comida y arregla su hogar como le place.
-Obviamente cuando decidí montar el taller de cervezas tuve que comentarlo en la asamblea para que el pueblo me diera el visto bueno. En esto Aineto es distinto. Pero en todo este follón nos hemos metido mi compañera y yo solos.

(...)

Esperamos que por la noche se enciendan las farolas de la calle, que la temperatura sea confortable en nuestras casas, que del grifo salga agua caliente que nos permita fregar los platos sin que nos duelan las manos. Lo esperamos y lo vemos normal. Pero no lo es.
Todas van a la asamblea que se celebra en la casa del pueblo, el lugar de reunión y donde en principio dormiremos, con su linterna colgando de la frente, y cuando
Ana, la madre de Oihane, nos ve en la oscuridad sin saber dónde meternos, nos dice:
-¿Qué vais a hacer ahora durante la asamblea? Podéis quedarnos en mi casa.
Es extraño meterse en casa de alguien que no conoces, pienso.

Aineto. / Foto: Clara Costa
-Os pido que intentéis que no se apague la estufa. Por ahora va bien de madera. Si veis que se está apagando meted un tronco.
Más extraño aún: la sensación incómoda de estar en casa de alguien que no conozco. Hasta ese punto he interiorizado el sentido de propiedad privada, hasta ese punto desconozco la hospitalidad que se ofrece sin pedir nada a cambio.
Finalmente cuando tras dos horas en casa de Ana, termina la asamblea, Nico y Oihane nos vienen a buscar.
-En la casa del pueblo no podéis dormir porque hará mucho frío por la noche. Lo mejor será que vengáis a nuestra casa. Tenemos una habitación con dos camas.
Más hospitalidad, más extrañeza.

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viernes, 7 de abril de 2017

‘Los hombres me explican cosas’: del ‘mansplaining’ al asesinato en nueve ensayos

Pikara Magazine                                                                                              20/03/2017
http://www.pikaramagazine.com/2017/03/los-hombres-me-explican-cosas/
 Ana Blé

Rebeca Solnit muestra con su libro la pendiente resbaladiza que conecta los ejemplos cotidianos de paternalismo machista con la violencia sexual o el feminicidio. 



‘Los hombres me explican cosas’ es una recopilación de nueve ensayos sobre la desigualdad de género y la violencia machista que fue publicado el año pasado en castellano por la editorial Capitán Swing y que tuvo mucha repercusión en prensa, hasta el punto de ser destacado como uno de los mejores libros sobre feminismo del 2016 en nuestro país. Y no pierde vigencia, aunque viene de atrás. Los textos son versiones editadas de trabajos previamente publicados por la autora, Rebecca Solnit (San Francisco, 1961), de los que se han suprimido estadísticas y citas para aligerar la lectura, pero que pueden consultarse en los originales disponibles en internet. El libro toma el título del primero de estos ensayos, que está basado en una experiencia personal de la propia autora y que no tiene desperdicio, aunque antes conviene saber que Rebecca Solnit es historiadora, activista, editora y colaboradora en distintos medios. Que ha escrito sobre ecología, derechos humanos, política y arte, entre otros muchos temas. Que también ha ganado premios y becas, y que en 2010 la revista Reader Magazine la nombró “una de las 25 visionarias que están cambiando el mundo”.

Rebeca Solnit cuenta cómo en una fiesta a la que fue con una amiga hace unos años conoció a un hombre que empezó a hablarle de un libro que ella misma había escrito, sin tener en cuenta que ella era la autora, aunque lo sabía, y que quizá tenía muchas más cosas que decir sobre el tema que él, que ni siquiera se lo había leído. Después de la fiesta, la autora y su amiga se echaron unas risas y el incidente pasó a ser una anécdota que rememoraban de vez en cuando, hasta que Rebecca Solnit decidió escribir sobre el asunto con el objetivo de que otras mujeres pudieran reconocerse en la misma situación. A raíz de aquel pequeño ensayo, que tuvo un éxito brutal y que desde entonces no ha parado de compartirse por las redes, se acuñó el término “mansplaining”: cuando un hombre explica algo a una mujer de manera condescendiente, asumiendo que sabe más que ella del tema. La situación se vuelve ridícula hasta el extremo cuando el hombre sabe poco y la mujer es experta, porque esta cuestión es irrelevante para la soberbia del hombre: él tiene que explicar algo y eso es lo único que cuenta. No fue Solnit quien inventó la palabra, pero el reconocimiento de que ese tipo de situaciones era bastante generalizada puso en evidencia que hacía falta ponerle un nombre.

Aunque Rebecca Solnit deja claro que no son todos los hombres los que se comportan de esta manera: “Sí, claro que hay personas de ambos géneros que aparecen de repente en cualquier evento para pontificar acerca de cosas irrelevantes y con teorías conspirativas, pero la total confianza en sí mismos que tienen para polemizar los totalmente ignorantes está, según mi experiencia, sesgada por el género. Los hombres me explican cosas a mí y a otras mujeres, independientemente de que sepan o no de qué están hablando. Algunos hombres”. Y argumenta por qué hay que darle a este tipo de situaciones la importancia que merecen: “Todas las mujeres saben de qué les estoy hablando. Es la arrogancia lo que lo hace difícil, en ocasiones, para cualquier mujer en cualquier campo; es la que mantiene a las mujeres alejadas de expresar lo que piensan y de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; la que sumerge en el silencio a las mujeres jóvenes indicándoles, de la misma manera que lo hace el acoso callejero, que este no es su mundo. Es la que nos educa en la inseguridad y en la autolimitación de la misma manera que ejercita el infundado exceso de confianza de los hombres”.

La gravedad de este asunto pasa a un segundo plano cuando llegan la violación y el asesinato, temas que aborda el siguiente ensayo, ‘La guerra más larga’, y que desgraciadamente están siempre de plena actualidad. “Constituyen un dique que algunos hombres construyen en sus intentos de controlar a algunas mujeres, y este miedo a la violencia machista limita a la mayor parte de las mujeres de tal manera que muchas de ellas se han acostumbrado tanto que apenas se dan cuenta de ello, y nosotros difícilmente lo identificamos”. Por supuesto que hay mujeres violentas, pero aquí también aparecen las estadísticas para dejar claro que los hombres lo son más. “Las mujeres entre los quince y los cuarenta y cuatro años tienen más posibilidades de morir o de ser lesionadas o desfiguradas debido a la violencia masculina que debido al cáncer, la malaria y los accidentes de tráfico juntos.”

Esta violencia contra las mujeres se da también en las redes sociales, y de eso trata ‘#YesAllWomen. Feministas que reescriben la historia’. Aquí Solnit habla de cómo el lenguaje es poder, y de cómo a través del lenguaje misógino en las redes se perpetúa la cultura de la violación. “Las amenazas normalmente preceden a los hechos, esta es la razón por la que las mujeres que son objetivos de amenazas de muerte y violación en la red se las toman seriamente, aunque las páginas que permiten que se cuelguen estas amenazas y los oficiales de la ley no parece que también lo hagan. Muchas mujeres son asesinadas tras dejar a un novio o marido que piensa que ella es de su propiedad y que ella no tiene derecho a autodeterminación”.

De la desigualdad en el matrimonio tradicional y de cuáles son sus consecuencias se encarga en ‘Elogio de la amenaza’, donde además explica cómo las parejas homosexuales han ayudado a reflexionar sobre el tema dándole un enfoque distinto. “Las lesbianas y los gais abrieron hace tiempo el debate acerca de qué cualidades y roles son masculinos y cuáles femeninos, lo que puede resultar liberador para las personas heterosexuales. Cuando gais y lesbianas se casan, de alguna manera se amplía el significado del matrimonio. No subyace ninguna tradición jerárquica en su unión”.

‘Mundos que colisionan en una suite de lujo’ también habla de desigualdad, y recuerda la historia de Strauss-Kahn, el exdirector del Fondo Monetario Internacional que violó a una camarera del hotel donde se hospedaba en Nueva York. El hecho que ella fuera africana le sirve a la autora para reflexionar sobre la injusticia global y la guerra de clases, y aunque “al final, lo importante es que una mujer pobre e inmigrante acabó con la carrera de uno de los hombres más poderosos del mundo”, lo que este ensayo pone de manifiesto es cómo las mujeres agredidas por hombres de cierto estatus son atacadas por sistema con el objetivo de anular su credibilidad.

En la misma línea se conduce ‘El síndrome de Casandra’, donde Solnit cuenta cómo se desacredita a las mujeres cuando no se las puede silenciar. “Aún a día de hoy, cuando una mujer dice algo incómodo acerca del comportamiento impropio de algún hombre, habitualmente se la retrata como si estuviese loca, como si delirase, estuviese conspirando maliciosamente, fuese una mentirosa patológica, una llorona que no se da cuenta de que son solo bromas o todo esto a la vez”.

Y en ‘Abuela Araña’ muestra distintas situaciones en las que directamente se hace desaparecer a las mujeres. “Cuando era joven, unas mujeres fueron violadas en el campus de una importante universidad, y la respuesta de las autoridades fue recomendar a las estudiantes que no saliesen solas por la noche o que no saliesen para nada. En el caso de las mujeres, el confinamiento siempre está al acecho, listo para cubrirte con su manto. Algunos bromistas colocaron carteles proponiendo otro remedio: que todos los hombres fuesen excluidos del campus a la caída de la noche. Era una solución tan lógica como la anterior, pero el que les pidiese que desaparecieran del espacio público impactó a los hombres; perder su libertad de movimiento y de participación, todo por culpa de un solo hombre. Es fácil llamar crímenes a las desapariciones forzadas de la Guerra Sucia, pero ¿cómo llamamos, cómo nombramos los miles de desapariciones de mujeres de la esfera pública, de la genealogía, de su presencia legal, la desaparición de las voces, de las vidas?

Con ‘La caja de Pandora y la unidad policial de voluntarios’, Solnit cierra el libro señalando que “el feminismo es un esfuerzo para cambiar algo muy antiguo, muy extendido, y profundamente enraizado en muchas -pueden que en la mayor parte- de las culturas de nuestro mundo, en innumerables instituciones y en la mayor parte de los hogares de la tierra, y en nuestras mentes, que es donde todo empieza y todo acaba. Que se hayan transformado tantas cosas en las últimas cuatro o cinco décadas es algo increíble; que todo no se haya cambiado permanentemente, definitivamente, irrevocablemente, no es una señal de fracaso.” Con la unidad policial de voluntarios se refiere a esos hombres “que intentan poner a las mujeres en su sitio o devolverlas al que piensan que es dicho lugar”. Un fenómeno que se da mucho en las redes sociales, y que vuelve a abordar aquí.

Así volvemos de nuevo al principio. Hombres que dan lecciones a las mujeres y que les dicen cómo son y cómo deben ser las cosas, aunque no sepan de lo que están hablando. El ‘mansplaining’ está a la orden del día. ¿Un ejemplo? La entrevista televisiva que le hizo recientemente Risto Mejide a la directora de cine porno Erika Lust.

No es para tomárselo a broma, tal y como defiende Rebecca Solnit: “Hace seis años, cuando me senté y escribí ‘Los hombres me explican cosas’, esto es lo que me sorprendió: aunque había comenzado con un ejemplo ridículo de “paternalismo masculino”, acabé hablando de violaciones y asesinatos. Tendemos a tratar la violencia y el abuso del poder como si cupiesen en categorías herméticas: el acoso, la intimidación, las amenazas, las palizas, la violación, el asesinato. Pero ahora me doy cuenta de que lo que estaba intentando decir era que esto es una pendiente muy resbaladiza. Esta es la razón por la que tenemos que señalar esa pendiente, más que compartimentar las variedades de misoginias y tratar cada una por separado. Hacerlo así ha supuesto fragmentar el dibujo, ver solo partes, no el conjunto. Un hombre actúa en la creencia de que no tienes derecho a hablar y que no eres nadie para definir qué es lo que está pasando. Esto puede significar cortarte durante una conversación en la cena o durante una conferencia. También puede significar que te digan que te calles, o amenazarte si se te ocurre abrir la boca, o darte una paliza por hablar, o asesinarte para silenciarte para siempre. Él puede ser tu marido, tu padre, tu jefe o tu editor, el desconocido que te encontraste en una reunión o en el tren o el tipo que nunca antes habías visto, pero que está enfadado con otra persona y piensa que “mujeres” es una categoría suficientemente pequeña como para que puedas pagar por “ella”. Allí está él para decirte que no tienes derechos”.

Pero no hay que desfallecer, y seguir defendiendo lo que nos parece justo sin tener miedo a lo desconocido, tal y como dice Solnit en ‘La oscuridad de Woolf’. Aquí reflexiona en torno a las figuras de Susan Sontag y Virgina Woolf, dos iconos del feminismo, para llegar a la conclusión de que “los motivos para la esperanza son, simplemente, que no sabemos qué pasará después, y que lo inesperado y lo inimaginable suceden habitualmente. La historia no oficial del mundo muestra que individuos dedicados y movimientos populares pueden moldear y han moldeado la historia, pese a que cómo y cuánto tiempo llevará hacerlo no se pueda predecir”.
Tengamos esperanza, pues, y sigamos adelante. Aquí la web de Erika Lust, para quien vio el programa de marras y se quedó con las ganas de saber en qué consiste su trabajo, ya que el entrevistador casi no la dejó hablar.

jueves, 30 de marzo de 2017

APIRILEKO HILABETEKARIA /// CALENDARIO MENSUAL de ABRIL

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