martes, 18 de julio de 2017

http://www.pikaramagazine.com/2017/07/maternidad-igualdad-y-fraternidad-contra-la-precarizacion-de-la-crianza/

http://www.pikaramagazine.com/2017/07/maternidad-igualdad-y-fraternidad-contra-la-precarizacion-de-la-crianza/

Pikara Magazine   14/07/2017

“Si la crianza tiene tal influencia en la sociedad, ¿por qué no goza de ningún reconocimiento social?”, se pregunta la autora del libro, Patricia Merino.

Eché un vistazo al índice y vi que trataba muchos de los temas que me venían preocupando desde que fui madre, a los que no había terminado de dar forma en mi mente, y que a su vez me generaban contradicciones como feminista.
Merino explica en la introducción del libro que ha tratado de “analizar la condición social de la maternidad” y de prestar atención al “modo en que la desigualdad se reproduce y se intensifica a través de la precarización de la crianza”, puesto que, según su opinión, hasta ahora esas cuestiones no han recibido ninguna atención. Es más, expone cómo se acercó al 15M, pero sus propuestas sobre poner lo reproductivo en el centro de la agenda y “visibilizar la situación de las madres reales” solo fueron escuchadas en momentos posteriores, en asambleas de barrio. Merino cree, de hecho, que esa falta de sensibilidad hacia las madres y hacia niños y niñas es parte del problema, y que así todas y todos no estamos representados en la política, aunque esa sea la consigna.
También hace referencia al modo en que, en general, se aborda la maternidad dentro del feminismo. Describe Merino que se suele aludir a la alienación, a la maldición biológica y al patriarcado, sin dejar espacio a la maternidad elegida y entrañada.
El libro consta de tres partes diferenciadas que toman su nombre del título de la obra: Maternidad, Igualdad y Fraternidad. La palabra ‘maternidad’ sustituye a la ‘libertad’ en esa tríada, en tanto que la autora considera que ambos conceptos constituyen una disyuntiva radical en las sociedades industriales. Cierta pérdida de libertad es casi inevitable en algunas etapas de la crianza, pero debería afectar de igual forma a madres y padres, si se implican al mismo nivel. Sin embargo, esa pérdida de libertad se emplea para dominar a las mujeres, con lo que difícilmente se podrá lograr un equilibrio entre maternidad y libertad en las condiciones actuales.

(...)

Seguir leyendo click en el siguiente link:


miércoles, 28 de junio de 2017

UZTAILEKO HILABETEKARIA /// Actividades mensuales de JULIO



Lagun agurgarriak:
Honi erantsita bidaltzen dizuegu interesgarria izango den informazioa.

Pozik hartuko genuke zuen laguntza honi zabalpena emateko.

Agur bero bat.



Estimadxs amigxs:

Adjunto envío información que consideramos puede ser de vuestro interés.

Os agradeceríamos que le dieseis la mayor difusión posible.

Saludos cordiales.

lunes, 26 de junio de 2017

El GENERO NO TIENE EDAD

NAIZ                25/06/2017          REPORTAJES        mujeres transexuales  

http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/7k/editions/7k_2017-06-25-07-00/hemeroteca_articles/el-genero-no-entiende-de-edad

 
La figura de un hombre maduro que se afirma como mujer transexual, y a veces además lesbiana, cuestiona muchas normas establecidas, produciendo a menudo rechazo e incomprensión. El imaginario colectivo carece de referentes positivos, sobre todo en el caso de las personas que transitan ese camino siendo ya adultas. 
 
Yo era más hombre que muchos de los hombres que andan por la calle. Un verdadero macho que sabía imponerse, con un cuerpo digno de un culturista y los brazos tatuados. Jamás me sentí atraída por los chicos. Siempre me han gustado únicamente las mujeres». Zenia tenía 5 años cuando por primera vez le pusieron una falda. Alguien trajo ropa para su hermana pequeña y ella sirvió de modelo. Lo pasó en grande. No entendía por qué tuvo que quitarse la falda antes de que su padre volviera del trabajo, pero comprendió que solo a escondidas podría sentirse otra vez feliz.
 
Zenia creció en un barrio en el que las disputas se resolvían a menudo a golpes. Tenía que saber defender su terreno. Pero la lucha más difícil fue la que llevaba dentro, contra la mujer interior que no quería irse. Se enamoró a los 18 años. Pensó que todo iba a ser «normal», pero la mujer que tenía dentro volvió a la carga. Decidió presentársela a su novia y poco a poco la incorporaron a la vida de pareja.

De cara a la sociedad ella era Álex, conductor de excavadoras. En casa surgía Zenia, vestida con sus prendas de chica. «Yo me sentía muy bien con esa ropa. Pero el mundo exterior te manda otro mensaje. Te hace pensar que es algo malo y finalmente dudas de ti misma», explica.

«Muchas mujeres transexuales adultas viven todavía como hombres de cara a la sociedad –explica Rosa M. Almirall, ginecóloga y cofundadora de Trànsit, un servicio que se creó en Barcelona en el 2013 para asistir a las personas transexuales–. En su adolescencia ni se planteaban que algún día podrían vivir de acuerdo con su verdadero género. Asociaban la transexualidad a la marginación, la prostitución o la enfermedad. Estas mujeres han hecho todo un desarrollo profesional y familiar asumiendo el papel masculino. Pero en su intimidad, buscan momentos que les permitan expresar su feminidad y durante años conviven con los dos roles, hasta que llega un momento en que la necesidad de afirmarse es imparable».

Zenia: «Una voz me dijo ‘¡Mátate!’». En Zenia, esta doble vida desató una espiral de sentimientos muy contradictorios. El bienestar que le procuraba la ropa femenina se entremezclaba con una sensación de culpa: «Intenté hacerme aún más machote. Me tatué los brazos y me dejé perilla. Quería asegurarme de que cuando me pusiera un vestido vería que no cuadraba con mi cuerpo. Que yo era todo un hombre y debía quedarme con eso y seguir tirando».

Un día, mientras conducía la excavadora, se oyó decir a sí misma: «¡Mátate!». Fue el detonante y entendió que tenía que hacer algo. La psicóloga le recetó pastillas contra la depresión. Dos años más tarde, Zenia seguía sin entender lo que le pasaba y, aunque oyó hablar de mujeres transexuales, no se identificaba con ellas. A ella le gustaban las chicas. Un artículo en internet le abrió los ojos: «Por primera vez leí que una mujer transexual puede también ser lesbiana. ¡Finalmente las cosas encajaban!». El sentimiento de culpa iba desapareciendo y Zenia empezó a disfrutar realmente de su feminidad. A veces iba a casa de su amiga Yolanda, con ropa femenina en una bolsa. «Me cambiaba allí y pasábamos el tiempo charlando. La primera vez que le expliqué lo que me pasaba se levantó y me trajo ropa suya».

Cuando sufrió un accidente laboral, se dijo que había llegado el momento de las decisiones. Tomó un mes para reflexionar sobre su vida y se fue a una ciudad donde nadie la conocía. «Por la noche, vestida de mujer, paseaba por las calles para ver cómo me sentía –explica–. Y entendí que no podía fingir más ser un hombre». De vuelta a Barcelona descubrió EnFeme, un espacio privado donde personas como ella pueden expresar su género sin sentirse juzgadas. Allí también conoció a Soraya, una psicoterapeuta que le ayudó a tomar confianza en sí misma. Poco después Zenia empezó el tratamiento hormonal.

El primer golpe vino desde la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG), donde acudió porque quería seguir su tratamiento bajo el control de un endocrinólogo. Necesitaba también un informe de un psicólogo para poder cambiar su DNI. «Después de quince minutos de entrevista, la psicóloga me diagnosticó como travesti-fetichista, solo porque le dije que tenía novia. Me negó todo lo que le pedía. Yo ya sabía muy bien quién era pero, incluso así, salí a la calle muy afectada».


El largo y duro camino legal. La experiencia de Zenia no es algo aislado, es una situación que los colectivos transexuales denuncian desde hace tiempo. Incluso aunque desde el 2007 las personas trans pueden cambiar su DNI en el Estado español sin necesidad de operarse, la ley mantiene un procedimiento psiquiátrico y psicológico obligatorio para otras etapas de la transición. Para poder cambiar el carnet de identidad, acceder a las hormonas o someterse a una operación es necesario obtener un diagnóstico de disforia de género. Según los colectivos transexuales, para elaborar esta diagnosis se usan criterios muy rígidos que definen de antemano un ideal transexual y la realidad de trans, dicen, es tan diversa como la de cualquier otro grupo humano.

«Hay un abanico de posibilidades de cómo puedes ser, desde un hombre supermacho hasta una mujer superfemenina –explica Zenia–. ¿Por qué yo tengo que elegir entre los dos extremos? A mí me apetece quedarme en una de las escalas intermedias. Me gustan las chicas y estoy orgullosa de mi identidad transgénero. Disfruto de lo que tengo femenino y me perdono mi lado masculino. ¿Por qué tengo que pensar que es un problema?».

Zenia pudo cambiar sus papeles y acceder a las hormonas gracias a la ayuda de Trànsit, pero en localidades donde no existe un servicio similar las mujeres trans todavía tienen que someterse a procedimientos psicológicos obligatorios. «El carácter obligatorio de las evaluaciones psicológicas no tiene ningún sentido –subraya Rosa Almirall–. De las personas adultas que acuden a Trànsit, solo un 20% pide un acompañamiento psicológico durante la transición. La gran mayoría tiene muy claro quiénes son y para ellas la evaluación obligatoria resulta muy penosa».

Gracias a la lucha de los colectivos trans, las cosas empiezan a cambiar poco a poco. «En Catalunya, el departamento de Salud anunció en octubre pasado que se adoptará un nuevo modelo de atención a las personas trans –explica Eric Sancho, de Generem!, asociación creada en Barcelona en el 2015–. El cambio incluye, entre otros, que no se hará ningún examen psicológico obligatorio. Ahora es cuestión de determinar el protocolo e implementarlo».

A nivel estatal, a principios de mayo se aprobó en el Congreso un proyecto de la ley de igualdad LGTBI que va en la misma dirección. «Es importante –subraya Eric Sancho– por si hubiera un cambio de Gobierno, porque los partidos ya se han comprometido».

Pero otros cambios son también necesarios. «Hace falta quitar todos los estigmas y estereotipos sobre las mujeres transexuales, que existen también entre los profesionales de salud –matiza Almirall–. La transexualidad puede aparecer en cualquier familia, independientemente de su estatus social, religión o posición política. Cualquier persona se puede encontrar con alguien que quiere hacer la transición. Otra cosa es que se atreva a decirlo. Hay todavía mucha gente escondida».

Tina: «Estoy aquí dentro, ¡sácame de aquí!». Tina también pasó gran parte de su vida luchando contra su feminidad interior. Hoy tiene 48 años. «Cada momento de mi vida iba acompañado de la idea de no estar en mi papel –explica–. Es como si alguien te hubiese puesto frente a una película: sabes que estás dentro, pero es como si mirases una película. Estás siguiendo un guion que no es tuyo. Hablaba con la gente y, mientras les escuchaba refiriéndose a mí en masculino, una voz dentro de mí decía: ‘¡Que soy yo! ¿No lo ves? Estoy aquí dentro, ¡sácame de aquí!’».

Un día, siendo todavía adolescente, grabó un mensaje en una casete, copió el contenido en un papel y escondió ambos de manera que cualquiera hubiera podido encontrarlo. «Quería que alguien lo oyera, lo leyese, y que ‘la bomba’ explotara. No pensé en lo que iba a pasar después. Solo quería que esto saltase ya y no encontraba otra manera».

Pero la bomba no explotó y Tina tuvo que guardar su secreto muchos años más. Se enamoró a los 18 años y también pensó que todo se iba a arreglar. Pasaron dieciséis años, un divorcio y otra relación. La sensación de que algo no cuadraba volvía cada vez con más intensidad y la mujer que llevaba dentro buscaba una salida. A veces, Tina imaginaba cómo podía ser su vida si dejara libre el ser que vivía en su interior. Pero el horizonte se llenaba rápidamente con los peores presagios: prostitución, marginación: «No tenía ninguna gana de ser prostituta ni de divertir a la gente. Quería mantener mi vida y mi trabajo. Solo quería liberarme de este cuerpo que no era mío».

Muchas mujeres trans prefieren aparcar su transición por miedo a perder su trabajo: el proceso puede durar hasta cuatro años y, durante este tiempo, temen ser expuestas al rechazo. Otras optan por iniciar el tratamiento cuando, por ejemplo, están en paro, sin que nadie lo sepa y así poder construir de cero una nueva vida. Encontrar un trabajo después ya es otra cuestión, dado que la transfobia es muy aguda en el mundo laboral. La Federación Es&bs;pañola de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales estima que el colectivo acusa una tasa de paro de entre el 60% y el 80%.

A Tina un problema de salud le hizo replantearse su vida. Tenía 41 años y se dio cuenta de que le podía pasar cualquier cosa en el momento menos esperado y no quería llevarse su secreto a la tumba. Sabía que la transición iba a ser dura y decidió buscarse «aliados». En cada entorno eligió a una persona a la que se sentía más cercana y habló primero con ella. «Tina me invitó un día a casa a tomar café –recuerda Mari Carmen, una de sus vecinas y su gran amiga– y, con su aspecto masculino, me dijo que, en realidad, era una mujer. Mi primera reacción fue mirar alrededor, por si había una cámara escondida por algún lado».

Aunque hoy lo recuerdan entre risas, al principio cada una de estas discusiones requería mucho valor por parte de Tina. «Hace falta mucha fuerza para imponer al mundo tu verdadero yo. Nadie te apoya, nadie te ayuda y hay muchas que terminan suicidándose. Hace dos años estuve en el entierro de una amiga. Oficialmente era un hombre de 68 años que se colgó y no es verdad. Era una mujer transexual pero nadie lo sabrá jamás».

Faltan todavía muchas cosas para que la situación de estas mujeres mejore. Tener más referentes positivos es seguramente una de ellas. En este sentido, el encuentro con Nati fue decisivo para Tina. «La conocí al principio de mi transición. Es dueña de una peluquería, vive desde hace años muy feliz con un hombre y sus mejores clientes son gitanos que requieren sus servicios para sus bodas. O sea, ¡algo que jamás me iba a imaginar!».

Hace ya 26 años que Tina trabaja en la misma empresa. Desde hace más de un año, como agente cívico (servicio de apoyo a la Policía) recorre los barrios más turísticos o problemáticos de Barcelona. «La gente sigue pensando que una mujer transexual sirve solo para una cosa. Por eso me da tanta satisfacción llevar ahora mi uniforme, para que vean que no estamos en la calle solo para dar precios». Otro freno muy importante que impide a muchas mujeres trans empezar su transición es el miedo a perder a su familia. «La mayoría de parejas de estas mujeres tienen un imaginario muy negativo sobre la transexualidad. A menudo, de entrada, lo rechazan –explica Almirall–. En cuanto a los niños, no todos lo saben y entre los que están al tanto de la situación, solo un 5% la acepta».


Carol: «Fue una suerte que lo entendiese estando jubilada». Carol tiene 71 años. Cuando decidió «salir del armario», de un día para otro se vio en la calle con dos maletas en la mano. Cuarenta años de matrimonio se terminaron con un divorcio en cuestión de días.
Desde fuera, la vida de Carol parecía solucionada: dos hijos, una casa grande, piscina privada y coches de competición. Trabajaba como comercial de ventas en la empresa de su suegro y, poco a poco, subiendo escalones, llegó a ser director general del consejo administrativo. Pero en su interior la necesidad de afirmar su feminidad crecía con el tiempo. Hasta que llegó un momento en que no pudo más: «Es como con el champán. Cuando sacas el corcho todo explota con fuerza y no lo puedes parar. Estuve toda mi vida viviendo con la creencia de que era un bicho raro. Pero cuando entendí quién era, ya no podía dar marcha atrás».

Desde muy pequeña Carol sentía atracción por la vestimenta femenina y, cuando se quedaba sola en casa, corría a probarse las prendas de su madre y su hermana. Mientras duró su matrimonio se compraba la ropa a escondidas. Poco a poco empezó a contárselo a su mujer. «Ella no estaba de acuerdo ni lo entendía, pero lo toleraba mientras que, de cara al exterior, se mantuviera el secreto. Todo cambió cuando decidí hacer la transición», cuenta. Empezó el proceso hace apenas siete años. ¿Por qué tardó tanto? «Me tocó vivir mi juventud en un ambiente cerrado y muy fascista. Yo misma no sabía lo que me pasaba. E incluso si era el caso, ¿a quién hubiera podido decir que era una mujer transexual? En el mejor de los casos te daban una paliza. En el peor te metían en una celda para que los hombres disfrutaran contigo. Dentro de lo malo, quizás fue una suerte que entendiese todo cuando ya estaba jubilada. Si hubiera sabido antes qué pasaba conmigo, mi vida probablemente habría sido muy diferente. Seguramente nunca habría llegado a ser director general y, a lo mejor, ni siguiera hubiera podido mantener un trabajo cualquiera. Por lo menos ahora no temo por mi porvenir».


Lina y Ali, más allá del género. Por suerte no todas las transiciones conllevan rupturas afectivas tan dolorosas. El ejemplo de Lina y Ali demuestra que es posible dar el paso sin perder la familia. Ellas se conocieron hace más de 24 años. Hasta hace poco Lina, que hoy tiene 44 años, cumplía como podía con su papel de hombre y padre. Por dentro, cuenta, libraba una batalla contra sí misma y solo en carnaval se daba el permiso de salir a la calle vestida de mujer. Finalmente, un día le explicó a su esposa que quería hormonarse y empezar un proceso de transición. «No quiero en mi vida al hombre amargado de antes –dice Ali–. No éramos felices ni sinceras la una con la otra. Ahora Lina disfruta de una nueva juventud y yo me siento como si me hubiera dado una nueva vida».
Todavía quedaba contárselo a su hijo. Un día, mientras Lina jugaba con él, el niño le dio un empujón y, al quejarse, el pequeño le soltó: «Es que tú eres un poco mujercita». La frase dio paso a una conversación que siguió con un documental que vieron los tres juntos sobre transexualidad. «¿Y esto es lo que le ha pasado a papá toda su vida? –suspiró el niño–. ¡Pobrecito, lo que ha sufrido!».
Hoy viven en armonía y Lina afirma ya plenamente su verdadero género. «El camino no es fácil, pero tampoco imposible –dice Ali–. Sé que todavía habrá muchas piedras que evitar y lloros por secar. Pero nuestro amor me da fuerzas para seguir. Más allá de la apariencia y del género, yo solo veo en Lina a la persona más importante en mi vida y eso me basta».


miércoles, 21 de junio de 2017

ILUSTRAZIOA

http://www.klitto.eus/lgtbi/

KLITTO web gunetik hartutako irudia

Madres sin pedir permiso: lesbianas y autogestión reproductiva

www.pikaramagazine.com           Emilia Laura Arias Domínguez                         07/06/2017

El auge de la inseminación casera en España, el tercer país del mundo líder en tratamientos de fertilidad, inquieta a la industria de la reproducción asistida. Las lesbianas que buscan alternativas más baratas y menos medicalizadas que los tratamientos en clínicas se exponen a trabas a la hora de registrar a sus bebés. 

Loreto tuvo un hijo por inseminación artificial en 2013 a través de una clínica privada. Para el segundo embarazo ella y su pareja, otra mujer, decidieron optar por comprar semen a un banco de esperma, Cryos, que suministra por correo a clínicas y a particulares. Loreto y su pareja decidieron hacerlo así porque querían evitar la hormonación, las pruebas y “porque en las clínicas son muy peseteros”, suelta. 

(...) 




La odisea de registrar un bebé con dos madres

María Rodó trabajó activamente en la campaña feminista por el derecho a la reproducción asistida en Cataluña para mujeres solteras y parejas de lesbianas. La pelea no se terminó al lograr el acceso a los tratamientos de la sanidad pública: “Nos trataban fatal: nos patologizaban, aunque nuestra situación no tenga nada que ver con la de una mujer que lleva años intentando ser madre”, defiende.
Finalmente, las activistas han conseguido que el protocolo que regula la reproducción asistida pública en esta comunidad autónoma recoja que las mujeres con pareja mujer o solteras que no tengan problemas de fertilidad pueden realizar cuatro intentos de inseminación sin necesidad de hormonarse.
Pero una vez logrado el acceso se han encontrado otra piedra en el camino: trabas a la hora de registrar a sus hijos e hijas. Rodó y su mujer tienen un niño de un año. Pagaron menos de 800 euros a Cryos por una muestra. Los problemas llegaron cuando fueron a registrarlo. “La magistrada que nos tocó no aceptaba de ninguna manera los papeles que teníamos. Nos amenazó directamente, se enfadó, nos trató fatal, dijo que no lo registraría… En Cataluña te piden un consentimiento informado de la clínica porque el código civil catalán así lo dice”, cuenta. Tuvieron que empadronarse en otro lugar y pedir más documentos a Cryos que verificasen que las mismas que compraron la muestra eran las que registraban al bebé. La activista ve en estas trabas una manera de desincentivar la autoinseminación.
Actualmente, las parejas de mujeres deben entregar un certificado emitido por un centro de reproducción humana español y estar casadas para inscribir a sus bebés, algo que no deben hacer las parejas heterosexuales. La razón que dan para pedir este certificado a las lesbianas es evitar una futura demanda de paternidad del donante. Para muchas esta es una interpretación discriminatoria de la ley.
En febrero, Brenda y María José, un matrimonio de mujeres, reclamó que su tercer hijo también fuera reconocido como hijo de ambas después de que un juez de Dénia les pidiera pruebas de que había sido concebido por técnicas de reproducción asistida, algo que no se pide a las parejas heterosexuales. Ellas recogieron 100.000 firmas para que el juez rectificase. La Dirección General de los Registros y del Notariado resolvió el recurso a favor de las solicitantes. Un funcionario les llegó a decir: “¿Y si habéis engañado a un hombre?”
Elena Longares es una activista LGTBQ catalana que desde hace años pelea para que las instituciones y la sociedad traten de igual manera a las parejas de lesbianas. Ella también participa en la campaña que unió a feministas y activistas LGTB para luchar por el acceso a tratamientos de reproducción asistida públicos. Desde agosto, está apuntada a un programa de la sanidad pública catalana. “Me encantaría poder hacerlo en casa, con mi pareja y en la intimidad pero eso lo complica todo porque nos arriesgamos a que el registro civil de Barcelona no nos deje inscribir al bebé o la bebé”, dice.
Longares explica que existe una especie de vacío legal o interpretación libre de la ley porque con el certificado que dan en el banco de esperma danés sería suficiente. Para ella, la cuestión es que “no tragan que una mujer gestione su salud reproductiva y decida cuándo y cómo se puede quedar embarazada sin que haya un hombre, una clínica o una autoridad médica.”

(...)

Para leer el articulo completamente click en el siguiente enlace:

miércoles, 7 de junio de 2017

‘Ética marica’: un chispazo contra el conformismo LGTBQ

Leer este libro-interruptor te ayuda a espabilar, a volar. ¿Que te han perseguido por la calle? Léelo. ¿Qué te han pegado una paliza? Repásalo. Este no es un libro para maricas neocons, o sí. Y si no perteneces al colectivo LGTBQI también te va a servir de algo. Créeme.
Juanita Márkez, bibliotecaria y activista



Esto no es un libro. Es un interruptor. Un dispositivo que corta la corriente. Y que a la vez permite que algo se ponga en marcha, que algo se encienda.Paco Vidarte
 
A Paco Vidarte le hubiese gustado que este interruptor supusiera un clic, un chispazo que interrumpiera la cadencia de mierda, la bajada de tensión en el movimiento LGTBQ, ese conformismo en el que parecía haberse instalado tras conseguir unos cuantos derechos que convertían a las maricas en casi ciudadanos de un país que, aún con todo, sigue siendo homófobo y tránsfobo.

El conservadurismo nunca dio nada nuevo, nunca inventó nada, nunca apostó por nada. El espíritu conservador no está hecho para nosotras. Ni siquiera porque tengamos un poquito de cobertura legal debemos volvernos conservadoras, meros custodios de un respirito histórico en una tierra de maricas masacradas y violentadas.Paco Vidarte
 
Era optimista, pese a todo. Creía que las maricas dejarían en algún momento el letargo en el que estaban sumidas, dejarían de mover el rabo a los poderosos que nos dan las migajas para que nos relamamos y para no molestar demasiado. Dejarían de autocomplacerse para actuar, actuar sin pensar.
¡Si se te ha ocurrido algo, ponlo en práctica! (…) Un leve temblor se expande hasta provocar un terremoto, una grieta minúscula echa abajo un edificio de prejuicios, una suave inclinación genera una catástrofe ideológica, la más inocua heterodoxia arruina un dogma, una pancarta hecha con prisa a rotulador, pegada a un palo con cinta de embalar, acaba siendo vista por miles de personas, genera simpatías, solidaridades. Yo soy optimista y confío enormemente en el poder de lo pequeño, de las micropolíticas, de los efectos imprevisibles de cada cosa que hago, de cada línea que escribo. Sé que un noventa por ciento de todos mis esfuerzos acaban en la basura, se vuelven contra mí, no ofenden a nadie, no le sientan mal a nadie (…) Pero, a veces, cuando hay suerte, un parrafito hecho al azar, descuidadamente, un parrafito de transición, nada importante, de relleno, dibuja una sonrisa en quien lo lee, despierta una idea estupenda en alguien, cobra vida propia y, supongo yo, termina por tener algún efecto que no cambiará el mundo, pero al menos, unos segundos, habrá conseguido una sonrisa, habrá suscitado indignación, habrá generado complicidad y captado solidaridades. Mi revolución es muy pequeña…Paco Vidarte
 
Este fragmento lo leí justo después de que alguien me propusiera escribir una reseña de ‘Ética marica’. No sabía cómo encarar el interruptor. Y al llegar a la página 106, donde se encuentra este fragmento, fue como si Paco me susurrara al oído “escribe lo que te salga del coño.” En realidad, más que susurrar, Paco grita, escupe, vomita, te zarandea para que muevas tu cochino culo. Pocas letras me salen del coño, Paco. Lo que se me ocurre es hacer un “copia y pega” de tus fragmentos, copiarlos para que se me metan en el cerebro como un mantra y pegarlos para que algo de revolucionario llegue a las personas que los lean.

Que nadie se lea estas páginas buscando un plan rector, una hoja de ruta. Soy incapaz. Tan sólo me gustaría que sirviera para movilizar a la gente, removerla del sofá, hacerle cambiar de postura, aunque sea cruzar la pierna, toser, ahuecar los cojines, algo, un mínimo movimiento capaz de sacarnos de la inercia o hacernos conscientes de ella”Paco Vidarte
 
Esto no es un libro amable. Es un interruptor, y una vomitada. Con el culo siempre en la sucia boca, con el hijodeperra y el hijoputa, y el coño, siempre en la boca, en la pluma, en el teclado. Escrito en tres semanas, Paco Vidarte aparca el lenguaje académico, para usar otro que surge de las entrañas, de las tripas, del culo, sin pensar.

No he querido hacer un tratado complicado, farragoso, ilegible, académico. No he querido hacer teoría queer para especialistas. Paso de escribir un tocho sesudo que le caiga de las manos a la gente y que a la postre no valga para nada. Para chuparnos las pollas cuatro listillas, dicho a lo bruto. Este libro es muy bestia, no he pulido mucho mi lenguaje, hablo como me sale del coño, digo lo que me da la gana, lo que se me ocurre, no me paro a tachar nada, no borro nada, no me releo. Ya me arrepentiré.Paco Vidarte
 
Y sí, resulta más efectivo. Te entran ganas de coger un cartón y pintar con rotulador “sacad los rosarios de nuestros ovarios” para salir a la calle y gritar como las locas.

Mi revolución es muy pequeña. Mi riachuelo es apenas un hilillo. Pero sin hilillos de agua no hay inundación posible. Y cuando venga la riada cogerá desprevenidos a todos los que se reían de las tímidas escorrentías que bajaban del monte, apenas capaces de arrastrar unas hojas y cuatro palitos. Pues de momento te has quedado sin casa, sin pueblo, sin puente y sin cosecha. Yo veo un graffiti en la pared, una pancarta cutre, una pegatina incendiaria, un panfleto con más motivación que diseño o cabeza, cuatro que deciden hacer algo juntos, una acción organizada una buena tarde, una okupación efímera, y se me ponen los pelos de punta, creo en el futuro, se me sube la moral, confío en la gente de pronto y me entran ganas de ponerme yo también a hacer cosas.Paco Vidarte
 
A veces Paco se pone poético. El interruptor está lleno de palabrotas, pero también tiene tiempo para la poesía más empalagosa. Se pone tierno, y como lo escribió de un tirón, casi, debió de tener días de subidón y días tontos, de esos en los que reclamas un achuchón.

Hay que estar atento a la inercia de las masas. Y las maricas en este país nos hemos convertido en masa inerte desmovilizada. Yo estoy alerta a lo que hacen dos maricas entre veinte, tres transex entre cuarenta, cien personas en medio de un millón, porque me parece ver ahí una verdadera fuerza de cambio ideológico, una actitud militante comprometida, la garantía de que no todo está consumado.Paco Vidarte
Él aclara que no pretende hacerse portavoz de nadie. Ni siquiera pretende hablar en nombre de las maricas, y mucho menos en nombre de las bollos o las trans. En cambio habla de solidaridades, alianzas, pero desde la solidaridad verdadera, la que se da entre oprimidas, y no la solidaridad de la que hablan los opresores, la que ellos ejercen, y que más más bien parece caridad en el mejor de los casos o esconde intereses ocultos que propician la continuación de los privilegios de la oligarquía. Él aboga por las solidaridades entre las maricas y las bollos, y las trans, y los negros, los proletas, las paradas, seropositivas, los sin techo, las pobres, las oprimidas.
Si algo así como una ética LGTBQ es pensable y deseable, ha de partir del hecho de que la lucha contra la homofobia no puede darse aisladamente haciendo abstracción del resto de injusticias sociales y de discriminaciones, sino que la lucha contra la homofobia sólo es posible y realmente eficaz dentro de una constelación de luchas conjuntas solidarias en contra de cualquier forma de opresión, marginación, persecución y discriminación. Repito, no por caridad. No porque se nos exija ser más buena gente que nadie. No porque tengamos que ser Supermaricas. Sino porque la homofobia, como forma sistémica de opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de opresión, está imbricada con ellas, articulada con ellas de tal modo que, si tiras de un extremo, el nudo se aprieta por el otro, y si aflojas un cabo, tensas otro (…) ¿Con qué derecho vamos a exigirle a un hetero que no sea homófobo si nosotras somos tránsfobas o racistas?Paco Vidarte
Yo no conocí a Paco. No me meteré en sus asuntos personales, en su vida privada. No más que lo que él transmitió en el libro. No sé cómo era. Su personalidad. Esas cosas. Yo he venido aquí para hablar de su libro.

En la medida en que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a varios grupos, estratos, minorías, mayorías sociales con mayor o menor poder y privilegios, podemos ejercer conductas de opresión, de control, de marginación o sufrir persecución, acoso, maltrato o agresión. Todos somos a la vez marginados y opresores. Y ese es el núcleo del poder y de la fuerza del sistema social de dominación de unas minorías por otras, de unas mayorías por otras, de unas minorías por otras mayorías. La marica misógina está alimentando el complejo entramado del poder represivo. El ecuatoriano homófobo está alimentando la bestia de la xenofobia. El nazi marica está alimentando la homofobia. Lo único que quiere el poder es que nos pisemos unos a otros el cuello por distintos motivos (…) La clase poderosa se divierte viendo cómo los desgraciados se putean entre ellos y, en vez de ser solidarios, prefieren descargar su rabia unos con otros, debilitándose, perdiendo toda posibilidad de cohesión como grupo de resistencia frente al verdadero poder opresor.Paco Vidarte
 
¿De qué sirve que avance en derechos y libertades la marica burguesa si sigue oprimida la bollera negra, la marica pobre, la trans explotada? Paco me recuerda a esos blancos que desean ser negros, a esos hombres que desean ser mujeres feministas en asambleas no mixtas, a esos ricos que se avergüenzan de serlo, de tener señoras de la limpieza limpiando de rodillas sus suelos de mármol, me recuerda mucho a la duquesa de Medina-Sidonia. Reconoce y asume que tiene ciertos privilegios por ser hombre, blanco, de buena familia, que estudió en colegios de curas. No hace falta pedir perdón. Basta con reconocerlo, eso ya es mucho, el primer paso. Y él lo da, y cómo lo da, coge carrerilla y pega tal impulso que atrapa a las demás con su estela. Me estoy imaginando a Paco metiéndose en el papel de una superduquesa roja irrumpiendo en Palacio al grito de abajo el capitalismo y la oligocracia.  

Leer este libro-interruptor te ayuda a espabilar, a volar, te da energía para echar abajo las puertas palaciegas. Es para repasarlo esos días en que te encuentras desganada, que no sabes qué hacer. Te lo lees y te entran ganas de hacer cosas. ¿Que te han perseguido por la calle? Léelo. ¿Que te han pegado una paliza? Repásalo. ¿Que te han insultado? Piensa en lo que está escrito. ¿Que te han humillado? Dale al interruptor, explota. Este no es un libro para maricas liberales o neocons, o sí. Porque te van a entrar ganas de derrotar al sistema con un taconazo, con una pancarta, con una revuelta, con un texto o ilustración de fanzine. Si no eres marica, ni perteneces al colectivo LGTBIQ también te va a servir de algo. Créeme. Aunque Vidarte lo escribió hace una década, este libro-interruptor no te va a dejar indiferente, inerte, desmovilizada. Pídelo en las librerías de pueblo, de barrio, en las bibliotecas.

miércoles, 31 de mayo de 2017

EKAINEKO HILABETEKARIA // ACTIVIDADES MENSUALES JUNIO



Lagun agurgarriak:

Honi erantsita bidaltzen dizuegu interesgarria izango den informazioa.

Pozik hartuko genuke zuen laguntza honi zabalpena emateko.

Agur bero bat.




***ASTEAZKENA - MIERCOLES 28: DIA INTERNACIONAL LGTBI***
MANI MOYUA 19:30
"NO ES LIBERTAD DE EXPRESION GORROTOA BAINO EZ DA" 
LGTB+FOBIA EZ!!!


***GAZTE ETA NERABE TRANS GURASOEN BILERA***

OSTEGUNA 15
18:00 h
                                    
***REUNION PADRES; MADRES MENORES Y JOVENES TRANS***
JUEVES 15
18:00 h



Estimadxs amigxs:

Adjunto envío información que consideramos puede ser de vuestro interés.

Os agradeceríamos que le dieseis la mayor difusión posible.

Saludos cordiales.