viernes, 24 de marzo de 2017

Soy Lola y soy intersexual

Nos han enseñado que hay hombres (con pene, testículos y cromosomas XY) y mujeres (vulva, útero, ovarios y cromosomas XX), ¿pero por qué no sabemos que también hay algunas personas que nacen con características sexuales que no encajan dentro de ese binario? 
 

«Soy Lola, soy intersexual, y os voy a contar mi historia». Esas fueron las primeras palabras que aquella mujer, de cabello largo y pañuelo violeta, pronunció antes de contar su historia. Vestía camiseta ancha de tirante, y un pantalón negro ajustado que permitía ver los deditos que asomaban por sus sandalias. Era menuda y bonita. Y tenía una enorme sonrisa que llenaba de alegría toda la sala. Se llamaba Lola, estaba nerviosa, y acababa de decir que era intersexual. ¿Qué significa?, ¿tendrá que ver con la biología, con la identidad de género o con la orientación sexual?

«Lo primero que le dijeron a mi madre en el hospital donde nací fue: tiene vulva, es una niña. A partir de ahí comenzó todo ese proceso de socialización en la feminidad: asignarme un nombre de niña, educarme como a una niña, ponerme ropa y vestidos de niña, comprarme juguetes de niña, etc. Así durante toda mi infancia. Crecí siendo una niña normal, como cualquier otra. Pero el conflicto llegó en la adolescencia. Cuando cumplí los catorce estaba muy preocupada, todas mis amigas tenían ya la regla y estaban totalmente desarrolladas, pero yo no. Mis pechos eran pequeños, era más alta que las demás, y no tenía apenas vello ni en las axilas ni en la vulva. Fue entonces cuando mamá me llevó al endocrino y empezaron las pruebas. Unos días después nos dijeron que yo, que hasta ese momento había sido socializada como cualquier otra niña normal, tenía unos cromosomas XY, como los de un niño».

miércoles, 15 de marzo de 2017

Abstenerse locazas

Pikara Magazine         03/03/2017        
realcionado: gay, LGTB, maricas, Marsha P. Johnson, Stonewall, Sylvia Rivera

 http://www.pikaramagazine.com/2017/03/abstenerse-locazas/
    
Que tire la primera piedra la que jamás ha llamado loca a un maricón. El que al ver esa feminidad impostada, teatral, casi paródica, no se ha sentido silenciosamente cómodo. Cómodo, porque cuando lo artificial se hace explícito, lo escondido (pero igualmente artificioso) se disfraza de natural. Performar el género conscientemente y en todo su espectro es mi acto de resistencia favorito. De resistencia y de ataque. Estoy fuera de mí y, por ello, me llaman “loca”.
Texto: Asier Santamari(c)a
Ilustraciones: Adrián Pinilla

 Siempre me fascinó la figura del loco en la literatura. Ese ser ambiguo y deformado al que nadie toma en serio y que utiliza el desprecio colectivo para decir lo que nadie puede. Todo su discurso es rechazado por el filtro de la cordura impuesta. Loco es el que hace locuras. Loca, la que hace mariconadas. Y si, como decía Foucault, el loco es el mayor cuestionamiento a la razón, entonces la loca es el mayor cuestionamiento al heteropatriarcado. Pobre heteronorma, que sin saberlo, nos empodera al insultarnos.
Me encanta ser marica. Y cada vez más. Desde la marginalidad de mi identidad, me permito a mi misme berrear contra un sistema que me quiere dócil, musculado, masculino y casado. Y lo hago saboreando mi subversión, gastando el dinero del gym en viajes, poniéndome pelucas y follando con amantes en vez de con novios.
Nací en el 95 y, a diferencia de muchas otras que vinieron antes de mí, siempre supe lo que era un homosexual. Encendía la televisión y podía buscar referentes. Sin embargo, la aparente visibilidad ocultaba un mensaje, no tan explícito, pero igualmente imprimado. “Tu sexualidad no te define. Tan sólo eres un hombre que se acuesta con hombres. Eres normal”.

No fue hasta hace un par de años que se saltaron las costuras de mi traje de homosexual. Leyendo a Preciado, descubrí que esta palabra, aparentemente neutra y amable es, en realidad, una categoría médico-jurídica, surgida a mediados del Siglo XIX. La identidad homosexual surge en el contexto de un nuevo discurso sexual en el seno de una sociedad capitalista e industrial en la que los individuos debían ser categorizados en torno a su capacidad reproductiva, y dado que dos peras, o dos manzanas, nunca dan lugar a más trabajadores precarios, nos fue asignada esa identidad. Los antiguos griegos no eran homosexuales. Intentar utilizar este término para describir sus prácticas y afectos es tan estúpido como erróneo. ¿Y mi identidad? ¿Y mis prácticas y afectos? ¿Verdaderamente iba a permitir que juristas y clínicos de hace más de 300 años les pusieran un nombre adscrito a mi capacidad reproductiva?

Sintiéndome traicionado, empecé a buscarme de nuevo y comencé mis andaduras en el activismo LGTB. En esos lugares descubrí que el vestido de Gay sí que me entraba, porque ésta etiqueta es política y subversiva, producida por mujeres trans, putas, chaperos, travestis y minorías étnicas en Estados Unidos. Todas ellas, conmigo, unidas y en formación de ataque. Gay y homosexual no son sinónimos de la misma forma que “Discapacidad” y “Diversidad funcional” no expresan palabras, sino conceptos antagónicos. Uno, médico-jurídico; otro, subversivo y empoderante. Pero gay es una palabra tan bella como desvirtuada. Atrás ha quedado la guerra de Stonewall, o Sylvia Rivera o Marsha P. Johnson, o tantas otras locas anónimas que fueron encarceladas, torturadas y violadas. Ahora hay gays sentados en congresos y oficinas, gobernando sobre los úteros de las mujeres y mandando tropas a Siria. Funcionarios homosexuales que nos hacen creer que el matrimonio igualitario es el último lugar de nuestro activismo, y que en un insultante ejercicio de cinismo, invitan a sus bodas a los mismos compañeros de partido que votaron en contra de que ejercieran ese derecho. No. Este traje no puede ser el mío.


Recuerdo ahora una de mis primeras excursiones al ambiente. Aún menor, rezumante de feromonas, acabé hablando con un chico en la barra de un bar. Tras intercambiar teléfonos y un par de besos cómplices, se levantó y descubrí sendos tacones en sus pies. Me sentí humillado. “Me gustan los hombres”, me repetí a mí mismo durante todo el viaje de vuelta. Al llegar a casa, me escribió. Nunca llegué a contestarle.

Dice el funcionariado homosexual que la normalización es la meta. Y lo dice no solo con su discurso, sino con sus prácticas, afectos e identidades. “No me gustan las locas” o “Gente masculina y normal” son dos mantras que religiosamente se recitan en chats, aplicaciones de citas o barras de bar. Sexualidades basadas en la genitalidad que intentan implantar en el culo del pasivo una vagina disfuncional, y en su cuerpo, un amago de mujer. La normalización de la identidad homosexual en este sistema pasa necesariamente por replicar roles heteropatriarcales, con la particularidad que la transfobia estructural y la misoginia genera. La masculinidad es una vez más la identidad válida y legítima, mientras que la feminidad, la mariconada, ya no es sólo expresión de sumisión; es también, y sobre todo, artificio.
Es ahora, perdide entre estos desvaríos transfeministas, cuando me reencuentro con esa figura del loco y vuelvo, feliz, a la marginalidad que nos parió a todas. Después de matar al homosexual y llorar sobre la tumba del gay normalizado, me supe Marica. Y en este nuevo disfraz, os grito a todas: ¡QUE VIVA LA LOCA!

miércoles, 1 de marzo de 2017

MARTXOKO HILABETEKARIA /// Calendario mensual de MARZO



Lagun agurgarriak:

Honi erantsita bidaltzen dizuegu interesgarria izango den informazioa.

Pozik hartuko genuke zuen laguntza honi zabalpena emateko.

Agur bero bat.


  
Estimadxs amigxs:

Adjunto envío información que consideramos puede ser de vuestro interés.

Os agradeceríamos que le dieseis la mayor difusión posible.

Saludos cordiales.

viernes, 24 de febrero de 2017

ELKAR LAGUNTZA TALDEAN ARITZEKO DEIALDIA // Convocatoria para participar en el grupo de autoayuda

Kaixo guztioi:


Deialdia luzatuko dizuegu taldean aritu nahi zaiteztenoi, datorren hiletik aurrera hasiko gara.


Deialdiaren kartela bidaliko dizuegu eta bertan ere datorren hilean batuko garen egunak azaltzen dira.


Guztion nahia betetzea zaila izan da beraz barkatu eragozpenak.


Hala ere, behin taldea finkatuta dagoenean, datak moldatu daitezkeela luzatzen dugu hasieratik, taldearen nahi eta beharretara moldatuz.



Eskerrik asko

 

Buenas:


Hacemos llamamiento al grupo que se va a formar a partir del mes que viene.


Os mandamos cartel del llamamiento mas el cartel del mes de Marzo en el cual aparecen los días en los cuales nos juntaremos.


Poder cubrir los gustos de todxs era difícil, disculpar las molestias.


De todos modos cuando el grupos se afiance podremos dar pie a que se cambien las fechas, dando pie a las necesidades del grupo.



Muchas gracias.

viernes, 10 de febrero de 2017

ADI !!! BERDINDU ORDUTEGI BERRIA // ATENTXS !!! Horario nuevo de BERDINDU



BERDINDU ARABA
Zapatería kalea, 39 behea
01001 Gasteiz - Vitoria
Tel.: 945 257 077
ARRETA ORDUTEGIA
·  Astelehen, Ostegun eta Ostiraletan:
15:30 - 20:30etara
·  Asteazkenetan: 12:00 - 17:00etara
·  Asteartea: Itxita

HORARIO ATENCION
·  Lunes, Jueves y Viernes:
15:30 a 20:30
·  Miércoles: 12:00 a 17:00
·  Martes: Cerrado








miércoles, 8 de febrero de 2017

La mala hija

¿Cómo decir en voz alta que tienes una relación de mierda con tu familia? ¿O que no la tienes? ¿Qué pasa si no cuidas de tus padres sexagenarios o si te atreves a decir “no quiero a mis padres porque ellos no me quieren a mí”? A partir del testimonio de una lectora, damos claves para decidir si queremos mejorar la relación con nuestros padres o legitimarnos en la decisión de poner distancia. 

Ilustración: Núria Frago
Queridas píkaras, querida coach feminista,
"Llevo años sintiendo la necesidad de situar en el centro de las violencias machistas a la familia pero, al partir de mi experiencia vital, todo se embrolla. ¿Podemos acabar con las violencias machistas sin hacer tambalear los cimientos de la familia tal y como la conocemos?
Esto va más allá de un debate sobre qué es la familia o quien puede o debe formarla. Es una reflexión sobre cómo la familia, con sus valores clásicos y su jerarquía, nos prepara para ser las próximas asesinadas. No hace falta tener un padre violento físicamente ni una madre que te “enseñe” a fregar los platos porque eres una chica, basta con que desde pequeñx te repitan constantemente “ten cuidado” sin identificar una amenaza clara ni alternativas de defensa; basta con que se enfaden mucho cuando tu opinión difiera de la suya, que se lo tomen como algo muy personal, un ataque a ellxs mismxs y que activen mecanismos de culpa y chantaje emocional.
¿Cómo decir en voz alta que tienes una relación de mierda con tu familia? ¿O que no la tienes? Eres la hija que no cuida de sus padres sexagenarios y no se entiende porque, salvo casos extremos, nada parece ser lo suficientemente grave para que les “abandones”. Habremos evolucionado y podremos gritar que las familias no vienen dadas sino que se eligen, pero la sociedad sigue mirando con malos ojos a las personas que como yo nos atrevemos a decir “No quiero a mis padres porque ellxs no me quieren a mí”.
Lo cierto es que NO, no me quieren porque hay padres y madres (demasiadxs) que quieren hijxs autómatas y dedican años de su vida a doblegar sus voluntades utilizando la educación como el perfecto camuflaje de esta violencia. Y si a este comportamiento le seguimos llamando amor y lo justificamos con frases del estilo de “te quieren a su manera”, “no se dan cuenta, lo hacen por tu bien” seguiremos lanzando el mensaje de que quien bien te quiere te hará llorar y de que para que alguien te quiera no debes ser tú misma. No sé si me he expresado bien pero lo que digo es que es hora de poner a la familia en la picota".
“Con el viejo principio de recompensa-castigo podremos domesticar niños, pero no educarles”
María Montessori
Querida lectora, agradezco tus aportes, tu sinceridad y apertura. La familia, ¡ah!, la familia… institución compleja donde las haya, de donde pueden nacer los mayores amores, las bases más fuertes de autoestima y autoconcepto y, a la vez, las más grandes desavenencias, incomprensiones y sufrimientos. Te quiero compartir tres ideas que me han surgido al leer tu carta.
En primer lugar, una reflexión: pareciera que las niñas siguen siendo de Venus y los niños de Marte, ¿verdad? Pues sí, desgraciadamente así es. Los estereotipos y roles de género se siguen transmitiendo desde la familia, nuestro primer espacio de socialización.
Ya sabemos de qué va la cosa.
En los niños, se promueve una presencia enfocada al espacio público y a la acción, a la ocultación de sus emociones. Se les invita a sentir como algo legítimo y lógico el que ellos son el centro de sus vidas y pueden tomar sus propias decisiones.
En las niñas, como si del negativo de una fotografía se tratara, los roles transmitidos invitan a lo contrario: a una manera de estar en el mundo más pasiva, más de segundo plano, complaciente y dependiente, necesitada de protección, de aprobación externa, asesoramiento y tutoría.
Nuestra lectora define este aprendizaje de roles sexistas dentro de la familia tradicional como el “prepararnos para ser las próximas asesinadas”. Yo añado que, aún sin llegar a ese extremo, aunque como sabemos se llega a él en muchas e intolerables ocasiones, esa educación en el seno de muchas de las familias también nos prepara el terreno a las mujeres para ser las próximas inseguras, autoexigentes, acomplejadas, dubitativas, maltratadas, deslegitimadas, desvalorizadas y acalladas.
Cierto es que no todas las mujeres y los hombres asumimos dichos roles con la misma intensidad, pero sí todas y todos estamos sumergidos en esos mandatos patriarcales. ¿Podemos acabar con las violencias machistas sin hacer tambalear los cimientos de la familia tal y como la conocemos?, se pregunta nuestra lectora. Uf. Es como preguntarse si un cocido madrileño puede ser vegano y light. A mi entender, no.
La segunda idea que me venía es la siguiente: mis hijas e hijos son míos y hacen lo que yo digo. ¿Qué quiero decir? Pues que, en las dinámicas de algunas familias, siguen vigentes e incuestionables creencias que colocan a las hijas e hijos en posición de “propiedad” de los padres y madres. Como si no tuvieran una personalidad y sueños propios, particulares y legítimos. Como si no tuvieran el derecho a vivir su propia vida.
Y a la tercera idea la he llamado “desamores que matan”. Sí, sé que suena políticamente incorrecto, pero así es la realidad: hay padres y madres que no quieren (o no saben querer bien) a sus hijas e hijos. Porque no tienen los recursos emocionales, económicos o sociales para hacerlo. Porque tienen conflictos emocionales no resueltos que proyectan en ellas y ellos.
Porque sus valores son antagónicos a los de sus vástagos y viceversa. Por haber tomado conciencia de que semejante responsabilidad como es tener hijos, y a largo plazo, no es lo que les habían pintado. Porque no disponen de los recursos materiales, comunicativos o afectivos para facilitar un entorno equilibrado a sus criaturas.
Por mil razones que quizá ni atisbo a imaginar. No necesariamente es algo que hagan de manera premeditada o con maldad. De hecho, en muchas ocasiones la intención es dar a sus hijas e hijos lo que consideran lo mejor. Ahí está la clave de la contradicción: ¿cómo es posible que alguien que supuestamente me ama pueda estar fastidiándome o coartándome la vida?

¿Quiénes son mis padres?

En la educación que recibimos a lo largo de nuestra vida a través de los diferentes agentes de socialización (familia, escuela, medios de comunicación, etc.), por desgracia raramente se nos enseña a comunicarnos de manera abierta y sincera, a expresar nuestro sentir y necesidades y a escuchar activamente a las otras personas.
Esto implica que, incluso en los espacios más íntimos, uno de los cuales es la familia, la mayoría de sus miembros no se conozcan más que de forma superficial.
¿Quién es mi madre? ¿Quién es mi padre? Quiero decir… ¿quiénes son de verdad? ¿Qué sabemos de su vida íntima, de su manera de sentir, de sus miedos, frustraciones, ilusiones, proyectos y sueños? ¿Qué sabemos de sus expectativas, de su vida amorosa? ¿Qué sabemos sobre si su proyecto familiar ha sido algo que les ha llenado o si por el camino han renunciado a una parte esencial de su ser?
Aparte de su rol como madres o padres son personas con su trayectoria vital, sus debilidades, inseguridades, sueños, vacíos y miedos. Su máxima tarea vital, como la de cualquier persona, es idealmente su propia construcción y desarrollo como seres humanos. El dar sentido a su vida. Y esto, muchas veces, no se da o al menos no plenamente.
De hecho, muchos roles de poder y juegos comunicativos perversos en el marco de las familias son fruto de una carencia de recursos comunicativos y emocionales por parte de las madres y padres, así como de una falta de autoconocimiento y autocuidado de ellos y ellas mismas.
De ahí, de esas carencias y, en muchas ocasiones, de una falta de sentido vital, nace la necesidad de proyectar sus deseos en sus vástagos, generando así frustraciones y desencuentros.

El estigma de la mala hija

Ser hija o hijo no es fácil, pero es algo que simplemente no podemos dejar de ser todos los seres humanos del planeta. No escogemos nacer ni ser hijas de nuestros padres. Tampoco escogemos su comportamiento, su estilo comunicativo, sus valores o actitudes ante la vida. Pueden gustarnos o ser unas personas con las que apenas coincidimos o a quienes no comprendemos.
Pero, ¿qué es lo que en esta sociedad se considera una “mala hija”? En primer lugar, aclaro que en este artículo no estoy hablando de una hija o hijo que maltrate a sus padres, los golpee o atente contra su integridad. Hablo de personas cuya forma de ver la vida no es compartida por sus madres y/o padres y viceversa, generándose así incomprensiones y conflictos intrafamiliares más o menos graves.
Estas diferencias de criterio pueden bascular entre aspectos más o menos banales (¡tremenda discusión al hacerme un piercing!) o decisiones vitales profundas (desacuerdo en relación a mi actividad profesional o los estudios elegidos; rechazo a mi orientación o identidad sexual, etc.).
Derivado de estas desavenencias familiares, se produce un desamor que puede provocar que las relaciones padres-hijos no sean como se esperaría (fluidas, amorosas, respetuosas y con cuidado mutuo). Y aquí aparece lo que la sociedad señala como una mala hija: aquella a quien, como describe nuestra lectora en su carta, no le sale cuidar a sus padres ni quererles, o al menos no de la manera que se esperaría de ella, al no sentirse querida, comprendida ni respetada en su individualidad.
También es considerada una “mala hija” aquella que no logra tener una comunicación sana y fluida con sus padres, o que no les dedica tanto tiempo y atención como sería de suponer.
El peso de ese estigma no es fácil de llevar. Vaya si no lo es.

Seguir leyendo:

http://www.pikaramagazine.com/2017/02/la-mala-hija/

viernes, 3 de febrero de 2017

TALDE BERRIETAN PARTE HARTU NAHI??? QUIERES PARTICIPAR EN GRUPOS NUEVOS ??

Kaixo:

Aurreko urteko dinamikarekin jarraituz, aurten ere jarraipena emango diogu. Aukera paregabea duzue gurekin parte hartzeko.

ALDARTETIK TALDE DESBERDINEN ERAKETAN GAUDE, TALDE ZEHATZ BATEAN EGON EDO TA SORTU NAHI BADUZU, BERTATIK PASA EDO ERANTZUN EMAIL HONETARA

berdindu.araba@aldarte.org

ORDUTEGIA

Astelehen eta astearte --> 10:00 - 15:00
Asteazkenetan --> 12:00 - 17:00
Ostiraletan --> 15:30 - 20:30

Animatu eta parte hartu !!!

Interesa izan dezaken pertsonak ezagutu ezkero zabaldu.

Eskerrik asko!!!

Zapateria kalea 39 baxua. Gasteiz


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Buenas:

Dando continuidad a la dinámica que empezamos el año pasado, este año también tenéis oportunidad inmejorable para participar con nosotrxs

DESDE ALDARTE QUEREMOS HACER UN LLAMAMIENTO A PARTICIPAR EN LOS DIFERENTES GRUPOS, EN LOS CUALES QUERÁIS PARTICIPAR O CREAR. PASAROS POR LA OFICINA O SI NO, RESPONDER A ESTE EMAIL.

berdindu.araba@aldarte.org

HORARIO

Lunes y Marte --> 10:00 - 15:00
Miercoles --> 12:00 - 17:00
Viernes --> 15:30 - 20 :30

Animaros y participar !!!

Si conocéis gente a la que le pueda interesar, difundir este mensaje.
Gracias!!!

C\ Zapateria Nº 39 bajo. Vitoria-Gasteiz